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misteiras

En julio de 1888, en la fábrica de cerillas Bryant & May, en Bow, al este de Londres, las 1.400 obreras de la empresa, conocidas como ‘the matchwomen’ (las cerilleras), se declararon en huelga. La sociedad victoriana se escandalizó, no por las condiciones en las que trabajaban, sino porque el lugar para las mujeres no era la fábrica, sino el hogar. Hacían cerillas respirando el tóxico fósforo blanco durante 14 horas al día, sus salarios bajaron al nivel de 1878 y los castigos y las multas respondían a la arbitrariedad. (Fuente)

Misteiras


Historias de A Coruña

Un incendio con fósforo

Historias de A Coruña | Edificios en llamas

Uno de los incendios más sonados en A Coruña durante las primeras décadas del siglo XX fue el de la Fábrica de Cerillas, también conocida como la de Zaragüeta, pues así se apellidaba su propietario. Ubicada en el número 17 de la calle Castiñeiras, funcionaba desde 1871. Su dueño era hasta entonces el propietario de la factoría de Irún, pero debido a las dificultades causadas en el País Vasco por las guerras carlistas decidió trasladarse a la capital coruñesa a las instalaciones donde había funcionado con anterioridad una nave de fundición de Manuel Solórzano.

A partir de 1898, la empresa se incorporó al monopolio del Estado sobre los fósforos, que había sido establecido en 1892, funcionando como arrendataria del mismo. La fábrica proporcionaba trabajo a cerca de un centenar de mujeres que, a comienzos del siglo XX, ganaban entre 9 y 21 pesetas a la semana, trabajando en régimen de destajo. Eran conocidas popularmente como las misteiras, y, sobre ellas y sus reivindicaciones sociales, publicó un libro la historiadora Ana Pose (Fundación Luis Tilve, 1999).

Y fue el 9 de junio, sábado, cuando se declaró el incendio, poco después de que las empleadas hubiesen finalizado su trabajo. La causa parece que fue fortuita, aunque debida al material inflamable que almacenaba. Pronto el fuego alcanzó grandes dimensiones y pudo verse desde numerosos lugares de la ciudad. Tras avisar al parque de bomberos, las campanas de las iglesias daban la señal de alerta. La mayor dificultad fue que la bomba de vapor no podía actuar, pues pronto se quedó sin agua que la alimentase, y, cuando se quiso tomar del pozo de una finca cercana, hubo oposición de algunos vecinos pues la gente les iba a destrozar los sembrados, teniendo que imponerse al final la Guardia Civil para conseguir el líquido elemento.

Crónica

No obstante, la fábrica quedó completamente destruida, con la excepción de algunos útiles que pudieron salvar las propias empleadas. La Voz informó ampliamente, en su primera página, del siniestro. La crónica, que llevaba el sello de su futuro director Alejandro Barreiro, comenzaba así: «Acababa ayer el día tranquilo en La Coruña, sin emociones, cuando se extendió por la población la triste noticia: estaba ardiendo la antigua fábrica de fósforos de Zaragüeta, un establecimiento popular en toda España y muy simpático».

Como anécdota, triste, hay que citar que, aprovechando la confusión del incendio, muchas personas fueron sorprendidas llevándose paquetes con cajas de fósforos, siendo necesario el cacheo.

El efecto inmediato del siniestro fue que las obreras se quedaron sin trabajo, apuntando La Voz: «El voraz incendio ha llevado la miseria a cien honrados y modestos hogares, alimentados hasta hoy por reducidos, pero bien administrados jornales».

Sin embargo, y gracias a un intenso esfuerzo, la fábrica reanudó su trabajo el 20 de diciembre del mismo año, aunque las obras, dirigidas por el arquitecto Juan de Ciórraga, estaban sin terminar todavía, aprovechando que las naves tenían sus cubiertas colocadas.

Los trabajos de reconstrucción quedarían terminados a finales de 1907, pero la fábrica cerró sus puertas a mediados de febrero de 1908, pues había expirado el contrato que el sindicato del fósforo tenía con el Estado, quedando en la calle sus empleadas que, entonces ganaban entre 1,50 y 3 pesetas diarias (los obreros, unos 12, cobraban entre 2,75 y 4 pesetas). No obstante, a primeros de marzo, el personal despedido volvió a la factoría, pues Zaragüeta firmó otro contrato con el Estado, comprometiéndose a entregarle cada mes el doble de la producción anterior.

Guerra civil y cierre

Aunque en plena Guerra Civil española, la fábrica cerró durante varios meses, pronto reanudó su trabajo, a principios de mayo de 1938, pues durante el conflicto bélico habían quedado destruidas las factorías de fósforos de Irún y Oviedo, no funcionaba la madrileña de Carabanchel y no podía contarse, por estar en zona republicana, las de Valencia y Alcoy, disponiendo la España de Franco las de Sevilla, Tarazona y Palma.

Para trabajar en la nueva etapa de la fábrica, era necesario presentar certificados de adhesión al Movimiento Nacional, motivo por el cual serían rechazados parte de los antiguos empleados. En total, reanudaron la actividad cerca de 300 obreros.

La empresa dejó su actividad en los años 50. Hoy sólo queda como recuerdo una estatua de homenaje a las misteiras en la plaza de Monforte, original del escultor Xosé Castiñeiras, inaugurada en noviembre del 2000.


Contexto histórico-sectorial: El atraso de España

Son cinco los factores que hacen de la industria cerillera un interesante campo de investigación para la historia empresarial e industrial de la España contemporánea. Desde el punto de vista teórico cabe destacar

  1. En primer lugar, que los fósforos fueron uno de los monopolios del Estado español, desde 1892 hasta 1956.
  2. En segundo lugar, este monopolio estuvo arrendado a la iniciativa privada y concretamente a una empresa de carácter familiar, el Grupo Fierro.
  3. En tercer lugar, los fósforos constituyeron uno de los sectores en los que España protagonizó una temprana internacionalización con presencia en Portugal desde 1925, en Marruecos desde 1937 y en diversos países de Iberoamérica desde el final de la Guerra Civil española. Esta expansión permite, asimismo, destacar la importancia del capital social como estrategia de crecimiento de una empresa . En efecto, la familia Fierro puso de manifiesto una notable capacidad para generar redes empresariales de cooperación y crear y explotar ese capital social que fue protagonista del crecimiento exterior del Grupo .
  4. En cuarto lugar, el sector fosforero es especialmente interesante desde el punto de vista internacional por su carácter de oligopolio, cuya trayectoria ha ido muy en paralelo a la industria del tabaco. Su estrategia se basó en la producción a gran escala, en el crecimiento horizontal, en la competencia al principio y, muy pronto, en el recurso a los acuerdos de colaboración.
  5. En quinto lugar, y ya desde un punto de vista más concreto, cabe señalar que la industria fosforera española ha sido muy poco estudiada . Existen escasos trabajos que abordan perspectivas concretas, en especial la laboral.

Estas páginas ofrecen un primer acercamiento al sector fosforero en España . Pretendemos poner de relieve la importancia de esta pequeña industria que, a pesar de su atraso tecnológico y del escaso valor añadido de su producto final, constituyó uno de los pocos sectores en los que España participó tempranamente y con cierto éxito en el mercado internacional. Cronológicamente, este trabajo se detiene en 1956, fecha en la que fue suprimido el monopolio español sobre la fabricación y venta de cerillas y en la que España ya estaba establecida en el mercado norteafricano y en el iberoamericano.


La cerillera de Andersen

La Pequeña Cerillera (o La Niña de los Fósforos) es un cuento de hadas escrito por Hans Christian Andersen y publicado por primera vez en 1848. En la Dinamarca de los tiempos de Andersen estaba prohibido mendigar, y muchos pobres se dedicaban a fabricar cerillas y venderlas en las calles, de esta forma nadie podía acusarles de mendigar.

Parece que Andersen escribió su cuento simplemente para hacernos llorar como magdalenas, pero realmente para el danés el final de la historia es feliz. No es que el escritor disfrute con que las pobres niñas pobres, heladas y hambrientas se mueran solas en la calle, sino porque según las creencias religiosas tanto suyas como de la época, lo más feliz para la niña era poder estar con su abuela en un paraíso sin hambre, frío ni dolor… vamos, que la chica debería darse con un canto en los dientes con haber podido tener un final tan “feliz”.

A lo largo del cuento, Andersen va describiendo poco a poco cómo es el proceso de hipotermia que sufre la niña. Con la hipotermia leve, cuando la temperatura corporal está entre los 33 y 35 grados centígrados, empiezan los temblores, la confusión mental y la torpeza de movimientos. La cerillera parece sufrir todo ésto: tiritiona, visiones y arrinconamiento. Si hay hipotermia moderada (de 30 a 33 ºC), también aparece la desorientación y pérdida de memoria. Con la hipotermia grave (menos de 30ºC) puede haber pérdida de consciencia, bajada de tensión e incluso la muerte. Andersen no sabría mucho de enfermedades, pero nos va contando al detalle por lo que pasa la chica antes de morir. Cuentitis aguda.


misteiras.txt · Última modificación: 2016/01/17 18:17 por isabel