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De los datos a los Relatos / La pre-tensión de la objetividad

El mito tiene una fuerza lírica y una belleza estética de la que la historia carece. El mito rectifica la historia, es como si dijera: puede que las cosas no sucedieran de este modo, pero así es como debieran haber sido, como queremos recordarlas, y una derrota heroica es más digna de memoria que una victoria dudosa.

Porque desde el mismo momento es que te planteas la necesidad de “contar” ya estás formando parte del proceso para construir una nueva realidad.Planifica, que algo queda

La ciudadanía no siempre tiene razón, pero siempre tiene razones (Jordi Borja)

La objetividad no existe


Las palabras son un instrumento poderoso pero pierden su esencia si en la búsqueda de precisión recurrimos a etiquetados y formalidades de laboratorio.

La “realidad” tiene múltiples relatos por eso, desde el mismo momento en que te planteas la necesidad de “contar”, estás formando parte del proceso para construir una nueva realidad.

Tampoco se puede objetivar “el conocimiento”, tan sólo detectar sus hitos dentro del proceso en que se genera porque, aunque a todos nos respalda la (propia) experiencia, el conocimiento surge cuando aprendemos a generalizar las preguntas, no las afirmaciones.

Y continuando con esta inmersión en la estela de la duda, cabe también cuestionar si es posible, y qué aporta, el relato de lo colectivo ya que “el entorno actúa como un alambique a través del cual depuramos y destilamos aquello que, al final, acabamos sabiendo”.

El carácter social de la memoria

Cualquier recuerdo, aunque sea muy personal, existe en relación con un conjunto de nociones que nos dominan más que otras, con personas, grupos, lugares, fechas, palabras y formas de lenguaje, incluso con razonamientos e ideas, es decir, con la vida material y moral de las sociedades de las que hemos formado parte. (Maurice Halbwachs)

Nuestra memoria es social porque no hay construcción humana en la soledad. Los recuerdos surgen de las ideas y percepciones que tenemos en un tiempo que denominamos “presente”, un concepto tan subjetivo como aleatorio ya que las horas y el calendario no son sino mera referencia a los acontecimientos y vivencias que lo dividen, pero no lo llenan jamás. El tiempo, y por tanto la memoria que lo evoca, no es sino una red de niveles de narración que puede, y suele, incluir diferentes procesos interindividuales, de grupo y dinámicas sociales.

En el desarrollo continuo de la memoria colectiva, no hay líneas de separación netamente trazadas como en la historia, sino más bien límites irregulares e inciertos. Pero, además, la existencia de diferentes grupos en el seno de las sociedades da lugar a diversas Memorias colectivas, mientras que la Historia pretende presentarse como la memoria universal del género humano. (Maurice Halbwachs)

El marco social de la memoria es un aliciente para la investigación y el aprendizaje, pero esta riqueza se pierde ante la “pretenciosa objetividad” de la Historia, cuya rigidez no tiene un significado real para ninguno de los grupos que han sido actores de los acontecimientos. La memoria colectiva es un conjunto de relatos intemporales que desarrolla el recuerdo de lo que todavía existe en la conciencia del grupo que la mantiene. No hay oposición presente-pasado porque las redes interpersonales y los grupos no desaparecen de repente.

Dialogar las biografías de la memoria

En nuestra “pretensión” de acercarnos a los procesos de conocimiento y reflexión de la ciudad hay mucho de aspiración, deseo y propósito de aprendizaje, pero nada de ambición pretenciosa y desmedida por “descubrir verdades objetivas”. Porque somos conscientes de que en la búsqueda de los relatos, estamos pasando a formar parte de esos lazos invisibles de algunas redes de la memoria colectiva.

Tampoco hay pre-tensión por exigencias y objetivos desmedidos o ajenos, porque trabajamos desde la premisa de que la objetividad no existe.


La vida en un apunte

La simplicidad consiste en sustraer lo que es obvio y añadir lo específico – John Maeda

Sin embargo lo obvio puede ser tan complejo como elaborar la lista de la compra para ese storytelling cotidiano que, contemplado en perspectiva, define nuestra trayectoria vital.

Porque entre lo imprescindible y lo deseable, fluctúa la atención que dedicamos a los ingredientes y la intención que esconden. Es decir… ¡Esas “inofensivas” cuestiones que se camuflan en las urgencias cotidianas”

Lo complicado de la simplicidad consiste en saber si la lucidez está en poder abstraerse del entorno o en ser capaz de distinguir, en la inmediatez, el origen de los grandes problemas y la estela fugaz de oportunidades.

Los ingredientes son las opciones pero lo obvio y lo específico requieren distintas herramientas. Y cuentas diferentes historias.


La (im)perfección de la maquinaria

A mediados del siglo pasado un relojero suizo creó una máquina compuesta por múltiples piezas cuya única finalidad era la de mantenerse en movimiento. El dispositivo tan solo gira y rota así que la bautizaron como “la máquina que no hace nada”.


Esta pequeña maravilla artesana, que se exhibe en el Craftmanship Museum, me parece la metáfora perfecta de las ciudades: sencillamente, y a pesar de todo, se mueven. Me hace pensar en la sinfonía de personas, comunidades y organizaciones que se han ido acoplando en distintos planos temporales por eso, lo que realmente resulta fascinante, son los engranajes que hacen posible todo ese movimiento. Desbloquear el conocimiento de/en las ciudades


Un futuro urbano con un corazón antiguo

La ciudad se ha hecho “global” y los ciudadanos “locales” se sienten expropiados.

La desposesión urbana

La ciudad cambia más deprisa que el corazón de sus habitantes” así dijo, aproximadamente, Baudelaire, uno de los más sensibles observadores de la ciudad moderna. Una reflexión que siendo cierta puede llevar a la conclusión que las resistencias al cambio expresan una nostalgia de un tiempo que ya no existe, un “passeismo” (perdón por el galicismo) opuesto al progreso. Sin embargo la ciudad es un espacio que contiene el tiempo y borrar las huellas del mismo es un empobrecimiento colectivo que llevado al límite significa la muerte de la ciudad.

La arquitectura sin historia, no integrada a sus entornos, no vitalizada por un uso social intenso y diverso, es un cuerpo inerte, es arquitectura-cementerio (Ingersoll). El corazón, los sentimientos y las emociones de los ciudadanos expresan el flujo vital necesario entre continentes y contenidos de la vida ciudadana. La ciudad existe en la medida que es apropiada por sus habitantes, progresa por la interacción entre personas y grupos distintos que desarrollan algunas pautas y lenguajes comunes, se cohesiona mediante el sentido invisible que aquéllos atribuyen a sus referentes físicos que marcan simbólicamente el territorio. Jordi Borja

La homogeneización no es solo física, se instala también en las pautas culturales y las formas de consumo, y también en la transmisión de los miedos y de las incertidumbres. La reacción identitaria, la valorización de la diferencia, la recuperación o la reinvención de la historia y de la cultura “locales” es la inevitable reacción ante la homogeneización global.

¿Seremos capaces de aprovechar el turismo para una economía ciudadana?


Gobernanza: lo nuevo y lo viejo

¿Hacia una gestión pública cooperativa y colaborativa?

¿Qué espacios y procesos hay que crear para crear, conjuntamente, valor público?

(…) los sistemas cooperativos no son exclusivos de las empresas creadas bajo dicha fórmula jurídica, las cooperativas –el nombre no hace la cosa, diríamos-. El cooperativismo, la cooperación, el trabajar conjuntamente, colaborando, creando sinergias, dinámicas ganadoras y conciliadoras para todos los actores que intervienen, puede –y debe- ser un valor del que se puedan apropiar cualquier tipo de organización social, política o empresarial. El único requisito para reclamarse cooperativo y colaborativo es serlo. Practicarlo en alguna, o todas, las dimensiones de la gestión de la empresa.

(…) Si aceptamos entonces que una nueva realidad se a imponiendo en el presente y que señala un futuro crecientemente cooperativo y colaborativo, ¿No parecería razonable, por lo tanto, aplicar el mismo principio y la misma dinámica al ámbito de la gestión de lo público?, ¿Cómo podemos cocrear con los ciudadanos, entonces?, ¿Cómo se puede extraer el talento y aprovechar las capacidades de cada ciudadano para el bien común?, ¿Qué espacios y procesos hay que crear para crear, conjuntamente, valor público?

(…) En el entorno actual, vertiginosamente cambiante, lo que limita el rendimiento de las organizaciones, tanto de las empresas como de les administraciones, ya no es tanto su modelo de negocio, de funcionamiento, sino su modelo de gestión.

(…) Por ello, es más imprescindible hoy que nunca, que podamos disponer cuanto antes de una buena capacidad de gestión pública, capaz de atraer y potenciar todo el activo que reside en la ciudadanía. Y por ello, la gestión publica necesita incorporar, cuanto antes, personas con visión y emprendedoras, con personalidad propia y con capacidad de ir más allá de lo impuesto por la tradición.

Justamente, ese tipo de personas que sufren por la excesiva burocracia, aquellas que se preocupan porqué los requerimientos y procedimientos no ahoguen la capacidad innovación, aquellas que piensan que los ciudadanos son suficientemente inteligentes para aportar soluciones a los problemas actuales, aquellas que, en definitiva, son conscientes que la gestión tradicional -jerárquica, autárquica y despótica ilustrada, que aún se practica muchos ámbitos tanto de lo público cómo de lo privado- es un lastre para un desarrollo económico sostenible de nuestras sociedades.


Expresarse no es lo mismo que participar

- ¿Reivindicamos en la red lo que aún deberíamos exigir fuera de ella? ¿Nos sirve de válvula de escape para nuestras pataletas?

El momento actual es terriblemente inmaduro. No aguanta un análisis serio. La palabra participación se ha banalizado enormemente. Expresarse no es participar. Expresarse es aprovechar unos canales de comunicación y exposición pública que existen mientras que participar no es una posibilidad técnica sino un proceso. Yo veo muchos espacios de participación pero muy pocos procesos de participación. Los que deberían hacerlo no están organizando procesos de participación.

Cuando un periódico nos dice «esta es la noticia de hoy, pon tu comentario», es para ir ahí y repartir bofetadas. Yo no hago comentarios, yo participo en procesos. Hacer comentarios, ¿para qué? ¿El periodista se los va a leer y va a hacer una reinterpretación de la noticia? Empiezo a ser muy exigente. Un like, un hashtag, un trending topic… no es participar. Tenemos más capacidad que nunca de organizarnos para influir. Pero tenemos que definir qué es influir. ¿Influir es por ejemplo, parar la ley del aborto? Pues ir a Twitter para intentar parar la ley del aborto es un proceso mal diseñado. Hay que ser más exigente con los diseños de procesos de participación.



¿Puede reflexionar una ciudad?


Nuestra percepción de la gente depende, en gran manera, de la posición en que nos encontremos, y somos poco capaces de darnos cuenta de que esas percepciones son producto de nuestra forma de ver el mundo, de nuestras actitudes y no reflejan realmente la realidad exterior.

La ciudad como ámbito de análisis es un reto tan goloso como esquivo. Se adapta mal a los procesos de investigación estandarizados porque “el pasado” es un concepto ambiguo, relativo… Y fácilmente manipulable por la velocidad, cada vez mayor, a la que generamos olvido.

No podemos anclarnos en el pasado ni obsesionarnos con lo que está por venir, pero hay que aprovechar el conocimiento y la experiencia para poder llegar al futuro deseado. Las ciudades son su presente: la realidad en la que todo confluye y sobre la que podemos actuar.

Pero la ciudad también es el marco donde lo local y lo global se (con)funden en una enmarañada red de voces que se enredan en múltiples capas. Y es que no hay una historia sino muchas, tantas como personas que las habitan.

Para entender el presente de las ciudades se necesita perspectiva y eso implica empezar por detectar las conversaciones que se han ido generando a lo largo de, al menos, tres generaciones.

Porque las ciudades se mueven, son como una sinfonía de personas, comunidades y organizaciones que se han ido acoplando en distintos planos temporales por eso, lo realmente fascinante, son los engranajes que hacen posible todo ese movimiento.

Los procesos de transformación son globales pero suceden a nivel local, y tras los principales hitos de la historia tienden a quedar enterradas décadas de crecimiento y adaptación mutua, de rutinas y de innovaciones.


Qué, Por qué...

Construimos conversando hacia dentro, pero el tránsito hacia la reflexión viene del descubrimiento tras dejar que nuestros pensamientos se reflejen en el universo que nos rodea. Y en esa capacidad transgresora encontramos la libertad para pensar los límites. Y para poder olvidarlos.

Se dice que la supervivencia no depende de ser más fuerte sino de la capacidad de adaptación pero, si “lo único constante es el cambio”, ¿a qué tipo de adaptación nos estamos refiriendo? Más interesados en lo que sabemos que en lo que no sabemos seguimos siendo una sociedad de creyentes: puro síntoma de conformismo adaptativo en este afán por las respuestas.

La afirmación de que los entornos de baja incertidumbre son cosa del pasado no es sino la constatación de hasta que punto nos hemos dejado capturar por las reglas del mercado (que no la economía de mercado). Si de verdad queremos considerar la humanidad de nuestras vidas, la pretensión de objetividad es, tal vez, la más inútil de las utopías.Conformismo adaptativo


Código de registro: 1311269437391
Fecha de registro: 26-nov-2013 22:47 UTC


Códigos y actitudes grupales

La nostalgia está de moda porque… las personas necesitan hacer suyos los recuerdos

¿Te acuerdas de...?

La realidad nunca puede ser objetiva porque no es fácil enfocar sensaciones y sentimientos. Por eso cuando el “¿te acuerdas de?“ se desliza en una conversación, debería activarse un mecanismo de respuesta automática para iniciar retirada.

Algo similar al “tenemos que quedar” en el que nos escudamos ante la propuesta de visionado fotográfico de vacaciones ajenas: idílicos paisajes, y momentos “únicos”, que solo permanecen en el recuerdo de quien los vivió.

Esa mirada personal, que es la base sobre la que edificamos la propia experiencia, tiende a convertirse en la interpretación de una realidad más amplia en la que necesitamos ubicarnos para representar nuestro papel porque

vivir es conocer, hacer, convivir y ser, por eso quizá sería bueno preguntarnos si nuestros procesos de aprendizaje son capaces de integrar estas cuatro dimensiones de la vida.

Teniendo en cuenta que tendemos a hablar de lo excepcional, de lo que nos preocupa o de lo que no entendemos, podríamos tomar el exceso de discurso en algunos ámbitos como indicador de donde debemos concentrar los esfuerzos para simplificar.

Los comportamientos sociales son un reflejo de esa amalgama de percepciones personales entre las que nos debatimos, por eso el “¿te acuerdas de?” no es sino un síntoma de la necesidad de contextualizarnos para entender-nos o, incluso, para justificar-nos. Y todo es tan “sencillo” a veces como querer caer bien a la gente. Pero, ¿quién es la gente?

Empire Falls es una de las muchas poblaciones que, tras conocer tiempos mejores, quedó atascada en la cocción a fuego lento de su propia mediocridad, atrapada entre los prejuicios y la carencia de liderazgos. O eso parece reflejarse en el excelente diálogo que reproduce el vídeo que va a continuación (3:59 m.).

Atrapados en viejos, en algún momento tendremos que pararnos a examinar un problema que apunta más a los seguidores que a los líderes. Que lo que pone de manifiesto es la descoordinación, el no asumir la propia responsabilidad y la falta de ideas potentes.

Lo curioso es cómo estos mundos individuales se unen en actitudes grupales mediante códigos implícitos: “A la gente les gusta mi actitud pero la tuya… de eso no puede salir nada bueno”.


Pacto cívico, ¿por dónde empezar?

Pacto cívico: ¿Por dónde empezar?



El espacio público y los no-lugares


El espacio es una duda: continuamente necesito marcarlo, designarlo; nunca es mío, nunca me es dado, tengo que conquistarlo. George Perec.

La “urbanización” es una categoría muy poderosa que anula y convierte en homogéneo todo aquello que toca y las ciudades, que hasta no hace mucho fueron la única unidad política capaz de sobrevivir a los trazados geopolíticos del poder, ahora también se tambalean.

Se re-construyen las ciudades para el turismo, ciudades escaparate en la que sus habitantes se sienten desposeídos. Sea global o local la mirada, la gentrificación avasalla con sus lógicas de expulsión del espacio público. Lógicas de expulsión.


Desde la mirada cotidiana, desde la prisa, es difícil ver que bajo la apariencia de “no pasa nada” el conjunto de la vida en el espacio público, en la calle, es un colosal sistema en el que se intenta disfrazar de “normalidad” lo que no deja de ser un intento de control del orden “establecido”. ¿Actores en la vida pública?



Era motivo de orgullo... El amplio Parque de Méndez Núñez, moderno y pulcro, con los palacetes que lo limitan. Fotografía tomada dede las plantas superiores del edificio del Banco Pastor.

La foto recoge una espectacular vista del Parque de Méndez Núñez en La Coruña, el Obelisco, los Cantones y el puerto de la ciudad. En ella llama la atención la línea del mar, mucho más atrasada de como la conocemos hoy mismo.

Lo cierto es que los Jardines son, en sí mismos, terrenos ganados al mar, y fueron el resultado de rellenos realizados a mediados del siglo XIX. Aquella actuación permitió abrir la ciudad y levantar este pequeño pulmón verde, en el que el Modernismo arquitectónico encuentra algunos de sus más relevantes exponentes, como el Quiosco Alfonso, el edificio de La Terraza y el desaparecido hotel Atlántico.

No existía el Teatro Colón —ni, por tanto, el edificio de la Diputación—, y al fondo se observa el Castillo de San Antón sin la actual conexión terrestre. En el interior de los Jardines, primitivamente llamados «del Ensanche» y posteriormente dedicados a la memoria del marino gallego Méndez Núñez, la ciudad ha ido dedicando espacios a personalidades ilustres de La Coruña y Galicia, como Linares Rivas, Concepción Arenal, Fernández Flórez, Castelao, Pardo Bazán, Murguía o Pondal.


La fachada marítima


La relación de las personas con la ciudad

El comercio ambulante como estrategia de emprendimiento comunitario

El espacio público en la ciudad es un terreno siempre en disputa, no hay un espacio público que pertenezca a ningún uso, sino lugares de cuyo uso se apropian algunos actores sociales, expropiando a otros .

Hoy en día, algunas de las formas de comercio ambulante han sido transformadas y han dado lugar a la creación de estrategias de emprendimiento comunitario. A pesar de que en su mayoría, estas estrategias han sido impulsadas desde las bases municipales, los resultados en cuanto a re activación de espacios dentro de la ciudad, la promoción de productos y servicios locales y creación espontánea de lugares para el encuentro social, representan un interesante objeto de estudio. (Salcedo, Rodrigo)

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Ciudades inclusivas para las personas mayores (José Fariña)

Las previsiones de las Naciones Unidas sitúan a España en el año 2050 como el país más envejecido del mundo con la población de más de 60 años superando el 40% del total.

Para que las ciudades de todo el mundo empezaran a conceder a esta cuestión la importancia que merece, la OMS inició en el año 2005 el proyecto de Ciudades Amigables para identificar las principales características a las que debería responder una ciudad con una parte importante de su población formada por personas mayores.

Bases del envejecimiento activo: salud, participación y seguridad

El proyecto de Ciudades Amigables se presentó en Río de Janeiro en el año 2015 y casi de inmediato se sumaron varias ciudades que se reunieron un año después en Vancouver, donde se decidió un sistema, el llamado Protocolo de Vancouver, para evaluar el grado de “amabilidad” de las ciudades con las personas mayores.

Lista de control de aspectos esenciales de las ciudades amigables para mayores de la OMS:

  • Las zonas públicas son limpias y agradables.
  • Los espacios verdes y asientos al aire libre son suficientes en número, están bien mantenidos y son seguros.
  • Las aceras presentan buen estado de mantenimiento, están libres de obstrucciones y están reservadas para los peatones.
  • Las aceras son anti-deslizantes, son suficientemente anchas para sillas de ruedas y presentan cordones en desnivel hasta el nivel de la calle.
  • Los cruces peatonales son suficientes en número y seguros para personas con diferentes niveles y tipos de discapacidad, con marcaciones anti-deslizantes, señalización visual y auditiva, y tiempos de cruce adecuados.
  • Los conductores ceden el paso a los peatones en las intersecciones y los cruces peatonales.
  • Los carriles de bicicletas están separados de las aceras y demás caminos peatonales.
  • La seguridad al aire libre es fomentada mediante buena iluminación en las calles, patrullas policiales y educación comunitaria.
  • Los servicios están ubicados en forma agrupada y son accesibles.
  • Se proveen servicios especiales para clientes, como filas o mostradores de servicio separados para personas mayores.
  • Los edificios están correctamente señalizados afuera y adentro, poseen suficientes asientos y baños, ascensores accesibles, rampas, barandas y escaleras, y pisos anti-deslizantes.
  • Los baños públicos externos e internos son suficientes en número, están limpios, presentan buen estado de mantenimiento y son accesibles

Humanizar las ciudades: Ese objeto mal diseñado llamado peatón


El "derecho" a la vivienda

La vivienda es algo más que la vivienda. Es el lugar de convivir, de reproducir la fuerza de trabajo y de construcción de lazos afectivos. La vivienda es también una de las condiciones para acceder de facto a la ciudadanía. La vivienda urbana es algo más, o algo menos, que una vivienda. Algo más pues la vivienda urbana formal, integrada en el tejido ciudadano, que vive en un entorno con otras viviendas similares, con servicios básicos propios de la ciudad, con comercios y espacios de usos colectivos, con transportes, escuelas, servicios de salud, etc.

El habitante una persona igual, reconocida por los otros, visible, que forma parte de una “comunidad”, del vecindario, del barrio, de la ciudad. Todos tienen derecho a no avergonzarse de donde viven1 . Para muchos habitantes la vivienda es algo menos que una vivienda. La marginalidad territorial que es a su vez social genera una dinámica excluyente: dificultades formativas, vivir en un medio humano que comparte déficits de todo tipo; falta de relaciones con gentes distintas que pueden proporcionar pistas, contactos, informaciones y recomendaciones; sentirse excluido de los medios profesionales, académicos, culturales. El habitante en estos casos no puede ejercer de ciudadano, su status formal (si lo tiene) no puede ejercerlo.

¿El derecho humano a la vivienda es un derecho?

En nuestra cultura actual se da por obvio que todo el mundo tiene un derecho a la vivienda. Pero para muchos no lo es. Lo proclaman declaraciones de Naciones Unidas, Constituciones de países de América y Europa, Foros y Asambleas de autoridades locales y de organizaciones sociales. Pero las leyes y las prácticas jurídicas y las políticas públicas no consideran este derecho como ejercitable, no se reglamentan, se mantiene intocable el código de derecho civil, no se aplica ni se exige a jueces y a gobernantes aunque lo consideren un derecho. Es lo que se denomina “derecho programático”, para que sea real depende de las políticas públicas y del mercado y solo tiene acceso a materializar este derecho o si tienen una demanda solvente o forman parte de una clientela política.

En realidad es un privilegio, no un derecho. Este teórico derecho queda anulado por la legislación y la judicatura que protegen ante todo el derecho de la propiedad. El suelo urbano es principalmente de propiedad privada, la promoción y construcción de viviendas está en manos de las empresas privadas (excepto programas sociales destinados a algunos sectores de muy bajos ingresos) y el financiamiento a cargo de los bancos. El suelo es objeto de especulación, las viviendas más o menos dignas son mercancías en vez de bienes accesibles a todos, los sectores bajos y medios deben endeudarse con los bancos y en períodos de crisis los desahucios son masivos.

Los gobiernos anuncian o intentan promover políticas públicas que en el mejor de los casos se quedan a medio camino. Cuando se actúa en las áreas centrales o cualificadas el mercado genera la gentrificación y cuando se desarrollan intervenciones públicas y masivas de vivienda social se crean zonas de exclusión. Jordi Borja.


El espacio urbano



La ideología del urbanismo

No hay políticas de izquierda o derecha en el urbanismo, hay política del suelo. El suelo es la vía de financiación para los ayuntamientos y eso lo relaciona con la acumulación del capital. Es la financialización de lo urbano

El “Camino Nuevo” o “Carretera de Castilla” era la principal entrada y salida de la ciudad, en la que en época de Carlos III se plantaron enormes árboles. Esta calle cambiaría su nombre en 1900, por acuerdo del Ayuntamiento y para rendir homenaje al dos veces alcalde de la ciudad; Juan Flórez Freire.

De aquellos árboles centenarios nos quedan únicamente los que dan sombra a la Plaza del Libro, y que antes fueron los que adornaban el patio de recreo del Colegio Dequidt, único laico junto con la Academia Galicia.

Además de la “Casa Escudero”que fue antiguo Consulado de Cuba y, en la Guerra Civil, Delegación de Orden Público, estaban los chalets de Molezún (hoy el gigantesco edificio Trébol), el chalet Mateo, el chalet Fariña… Enfrente de la casa estaba el “Leirón del Casino”, un parque con instalaciones deportivas donde nuestros mayores se reunían para hacer deporte e ir a bailar.

Identidad y cambio

No hay dilema entre la identidad y el futuro de las ciudades. Ni re-construir es volver a las antiguas práctica ni la ciudadanía es estúpida.


Por todos lados se acumulan edificios y equipamientos públicos sin uso, abandonados o paralizados, nacidos a costa de subvenciones, promesas electorales y proyectos por imitación: piscinas sin agua, aeropuertos o estaciones de autobuses sin pasajeros, auditorios sin programación, centros de día que no han visto la luz, museos que solo contienen aire, viveros de empresas y centros tecnológicos sin actividad o áreas recreativas que solo crían hierba.

La ciudad genérica es la del poder y de la representación, la ciudad construida enfrentada a la ciudad de los lugares, de los espacios con identidad. Pero ocurre también que el exceso de identidad reduce posibilidades, algo que señalaba Juan Freire cuando conversábamos sobre tendencias y no-modelos, sobre preocupaciones reales y miopías legislativas que agudizan la necesidad de tender puentes para que sociedad y economía despierten de su letargo.

Pero este enredo global que propicia el enfrentamiento parece diseñado para agotar a la ciudadanía mientras los verdaderos objetivos se disfrazan y se siguen pactando en escenarios mas “discretos”. Identidad y cambio: el futuro de las ciudades.


Desarrollos urbanos 1940/2000



EL FUTURO: Alternativas al abandono

Como muchas ciudades, A Coruña cuenta con decenas de grandes inmuebles abandonados desde hace años. El traslado de las administraciones o una crisis que paralizó la inversión y los proyectos comerciales se encuentran detrás del mal estado actual de muchos de estos edificios. Estos son algunos de los planes del Concello para devolver a la vida todo este patrimonio víctima de la falta de actividad.

El tunel de La Marina: Sobre ingerencias políticas, falta de visión y destrozos urbanísticos

Copasa alega que la “presión” para abrir el túnel antes de las elecciones encareció la obra

La empresa exige nueve millones de sobrecoste por errores en el proyecto del Puerto y por los turnos de 24 horas que el ente y el Gobierno local del PP le impusieron para abrir el vial antes de las municipales de 2015


La (salvaje) ley del mercado

El desastroso reinado de los cables

Todo comenzó con unos modestos postes de madera que trajeron, hacia la mitad del siglo XIX, el telégrafo. De entonces a esta parte los tendidos de cables aéreos en la ciudad se han multiplicado exponencialmente. Es normal, pensarían algunos, dadas las necesidades tecnológicas de esta era. No lo es tanto. Lo que sí se ha vuelto tristemente normal es vivir bajo una inextricable maraña de cables que producen diversas consecuencias.

(…) Porque la anarquía de las redes que cruzan las calles es elocuente. Porque el cableado aéreo que ahora padecemos es abrumador. Presenta problemas de seguridad, altos requerimientos de manutención, incompatibilidad con el indispensable arbolado que requiere nuestro viciado medio ambiente y nuestro clima, y grave detrimento a la imagen urbana. Este último punto merece una reflexión económica: ¿cuánto ha costado y seguirá costando para toda la población padecer una imagen de la ciudad permanentemente lesionada, lo que demerita gravemente la calidad de vida de la comunidad?

El paroxismo de tal contaminación llegó con las compañías de cable para televisión. Aprovechando los postes de la Comisión Federal de Electricidad (o sea, los de todos), los cableros simplemente “se colgaron” alegremente y repartieron líneas a diestra y siniestra, al parecer sin ningún control ni normatividad. El colmo: estas compañías aprovechan ahora el espacio aéreo como sus bodegas. Así, vemos gruesos rollos de cables (“para cuando se ofrezcan”) colgando desfachatadamente por donde a los instaladores les da la gana y perjudicando al arbolado y a la imagen urbana en general. Es el máximo símbolo del deletéreo reinado tapatío de los cables. Y peor, de la dejadez.

Privatización del espacio público


Ruinas modernas

Los esqueletos inmobiliarios de la ciudad

El desplome en 2007 del crédito a particulares y empresas atrapó a decenas de constructores con proyectos a medias que se vieron obligados a para, en ocasiones ante la previsión de que no iban a venderse o, la mayoría, por la quiebra de sus propios negocios. Los datos del Instituto Galego de Estatística (IGE) sobre licencias de construcción concedidas en A Coruña evidencian la depresión en la que se sumió el sector, siguiendo la tendencia de todo el Estado. Si en el año 2004 se concedían en la ciudad 114 licencias para levantar bloques de viviendas, en 2007 la cifra se había desplomado a 64, llegando a solo siete en 2011. Con centenares de viviendas construidas y sin ocupar, los datos de 2014 -los últimos de los que tiene datos el IGE- muestran solo cinco licencias de construcción concedidas.


¿La ciudad de los barrios?

Entre Peruleiro y Ciudad Jardin no hay una calle, son de distintos planetas


1970: El acueducto, ahora Paseo de los Puentes

Ronda de Outeiro a principios de los 80 en el tramo entre la Avd. de Los Mayos y la estación (a la que no llegaba porque estaba cortada)

La estación del norte junto a la calle Caballeros y la avenida de Lavedra empezando a separar la ya olvidada Parromeira

Plaza del Maestro Mateo, década 70

Recorrido musical por el barrio del Agra del Orzán



La huella arquitectónica desestimada

La caída de la muralla del frente de tierra, que discurría entre el fuerte del Malvecín o fortaleza de salvas, situado en la bahía, y el baluarte del Caramanchón, en el Orzán,- la actual avenida de Juana de Vega-, va a propiciar el nacimiento de los primeros ensanches y plazas de la ciudad. En los cuales se va a llevar a cabo un extraordinario trabajo arquitectónico y urbanístico de la nueva Coruña de principios del siglo XX. Nacen tres de las más señeras plazas coruñesas: La de Pontevedra, la de Lugo y la de Orense.

En ellas estará muy presente un nuevo arte, una estética nueva, en la que van a predominar la inspiración en la naturaleza, el uso de la línea curva, asimetría en planta y alzados, empleo de imágenes femeninas mostradas en actitudes delicadas. La libertad para el uso de motivos exóticos así como un guiño a la sensualidad y a la complacencia de los sentidos. Nace el modernismo coruñés. El modernismo coruñes de principios del s.XX

Enero de 1.965.

Una ola cruza desde el Orzán hasta Juana de Vega

El concepto de “centro de la ciudad” es tan relativo…


Cantón Porlier
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Taxis en el Náutico

Los terrenos de Ciudad Jardín en 1921

Vista aérea actual de Ciudad Jardín

Plaza de Pontevedra esquina Rubine

Matadero municipal en 1967

Cocheras de los trolebuses Coruña-Carballo

La recién “desaparecida” Casilla de Sanidad Exterior


El chabolismo

La ideología del chabolismo



Mayo de 2012: El antes y el después de Penamoa

Hace casi tres décadas, el poblado se convirtió en el hogar de medio millar de personas. Tras el derribo de las últimas chabolas, este supermercado de la droga se transformará en un pulmón verde para La Coruña


Del dinero de los mercados a los mercados del dinero


El marketing de “lo emocional”



El dinero de los mercados

Mercado Eusebio da Guarda: Primera plaza de abastos del Ensanche coruñes,en la Plaza de Lugo

Parte del legado de Eusebio da Guarda que fue edificado tras su defunción y transformado en dos ocasiones desde su inicial construcción. Fue construido en 1910 por Pedro Mariño.

En su testamento encomendó a sus hermanas Luisa y Rosa la construcción de un Mercado de hierro, dotándolo de una partida de 35.000 a 40.000 duros, condicionado a que el ayuntamiento aportase el solar debidamente explanado y que ciertas inversiones efectuadas por él en bolsa recuperasen su valor, así como que se hubiera vendido su casa de Palavea por un valor mínimo de 10.000 pesos fuertes (esta casa sólo pudo ser vendida por 65.660 pesetas y no por las 90.000 estimadas).

Debido en gran parte al desastre del 98 (Guerra de Cuba) no se pudieron cumplir las condiciones y las hermanas quedaron legalmente exentas de su cumplimiento; no obstante, fieles a la idea de Eusebio, aportaron el capital para la construcción del cuerpo central de dicho mercado destinado a pescadería.

El mercado de San Agustín


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la_pre-tension_de_la_objetividad.txt · Última modificación: 2017/02/11 21:25 por isabel