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Biografías de la memoria / Historias ciudadanas

Lei que non naz de costume, ten o asento de fume.

Non valen leis sin costumes, valen costumes sin leis. (Refraneiro galego)

Las Historias son datos con alma: ¿Qué cuentan nuestros padres y abuelos?


Las cosas ocurren mucho antes de que sucedan…



Los oficios del agua


Junio 1907: Coruña paralizada por la huelga de lavanderas

Hasta que las innovaciones técnicas y las mejoras de las redes de suministro de agua y electricidad llegaron a las viviendas, el lavado de ropa de las familias acomodadas era realizado por mujeres especializadas en este tipo de trabajo. De aquella los censos eran escasos y las estadísticas, de lo que ahora llamaríamos tamaño del mercado, inexistentes, pero había una legión de mujeres (y algunos, pero pocos, hombres) que soportaba duras condiciones y abusos.

La falta de agua corriente y la escasez de espacios apropiados en el interior de las viviendas obligaba a utilizar los lavaderos públicos o en la orilla de los ríos. El trabajo era especialmente ingrato y con especiales consecuencias para la salud ya que debían permanecer muchas horas de pie y dobladas sobre las tablas o piedras de lavar, en un ambiente húmedo e insano, con las manos mojadas y atacadas por los componentes de los jabones, creando así un clima propicio para catarros, afonías y dolores de huesos y músculos, sin olvidar la posibilidad de contagio de la ropa sucia de los enfermos.

Al trabajo de lavar, entender y recoger la ropa había que añadir las caminatas que muchas debían realizar, cargadas con la colada por caminos intransitables.

Pero lo peor era la incapacidad para ganarse la vida por la falta de agua durante las sequías o los problemas de abastecimiento y surgía la rivalidad entre las mujeres que, con frecuencia, acababan en reyertas que incluso precisaban la presencia de las fuerzas públicas para calmar los ánimos. En más de una ocasión, llevaron sus quejas a la prensa, que eran recogidas en este “tono condescendiente”. Seguir leyendo...

El agua en A Coruña. Fuentes, estanques y lavaderos

Una guía para conocer de primera mano los lugares e incidencias que marcaron el origen, desarrollo, y decadencia de toda una cultura del agua que fue sustituida por una nueva, más práctica y útil a los ciudadanos.

El trabajo realiza un minucioso recorrido por 131 fuentes, de las que 48 han desaparecido. Muchas de ellas se mantienen, aunque no ya como fueron concebidas, sino con un uso o en una ubicación diferente a la original. Hay contabilizadas también 328 fuentes de beber, que figuran en el inventario municipal. La obra se completa con un guiño a los estanques, lavaderos, pozos y casas de baños que forman o han formado parte del devenir histórico de la ciudad.

Casa de balos de salud de Riazor


La iniciativa ciudadana: El Club del Mar


La Granja Agrícola Experimental

Fue entre 1888 y 1964, el mismo año que, sumergidos ya en plena vorágine del desarrollismo, inició su actividad La Refinería. Una inmensa granja de 16 áreas de extensión en lo que hoy en día abarca parte de la segunda fase del polígono de Elviña, la zona de la Milagrosa y Monelos. En sus 76 años de actividad situó a Coruña como capital de modernidad de la agricultura y la ganadería con un proyecto que tejió una red entre las aulas universitarias y los campos de labranza.

la institución supuso el «desembarco dos avances científico-técnicas a nosa práctica agrícola». Al contrario de lo que ocurría en países como Inglaterra u Holanda, que entre mediados del siglo XVIII y el XIX habían emprendido su particular revolución agrícola, España en general y Galicia en particular presentaban un notable atraso.

El proyecto se presentó al concurso de “ocho granjas-escuelas de experimentación” convocado por el Ministerio de Fomento de entonces y fue impulsado por la Diputación. Participaron algunos de los intelectuales más destacados de la época, entre ellos el naturista Víctor López Seoane y el fundador de La Voz de Galicia, Juan Fernández Latorre. Tras hacerse con el concurso, la granja empezó a funcionar en 1897 bajo la dirección de Marceliano Álvarez Muñiz.

Unión de ciudad y campo

La Granja Agrícola Experimental se asentaba en una zona rural, entre los ayuntamientos de A Coruña y Oza, y pegada al núcleo urbano. El ingeniero Gregorio Santolalla, que trabajó allí en los años cincuenta y sesenta, sostiene que todo obedecía a un principio práctico:

«Los medios de transporte prácticamente no existían, por lo que tenía que ser cerca de la ciudad. ¿Mezclar a la gente del campo con la de la ciudad? Eso no creo que lo pensase nadie. No había esa diferencia sangrante, la ciudad estaba demasiado cerca del campo, la gente salía y se metía por las leiras. Los campesinos cogían las lechugas y venían a venderlas a la calle».

Monelos apenas tenía 1.000 habitantes y un núcleo de casas rurales organizado alrededor de la iglesia de Santa María. En la granja, que según Santaolalla respondería al esquema de «un cortijo andaluz», destacaba la casa del director y los edificios de fitopatología y otras áreas de investigación. Al lado de todo ello, se extendían las tierras de labranza, los establos y las viviendas de los obreros.

Tomás Martínez, que actualmente tiene 80 años, nació en la granja. «Mi padre era mecánico y tres tíos míos también trabajaron allí», señala: «De todo aquello no hay nada. Era totalmente diferente. Cuando éramos chavales y queríamos ir al centro decíamos ?Voy a Coruña?, no decíamos ?Voy al Cantón?, como se dice hoy en día». Y los trayectos se hacían a pie: «Había tranvía, pero no había cuartos para cogerlo», se ríe.

En la memoria de Martínez se juntan malos y buenos recuerdos. Por un lado, los de la posguerra: «Había hambre, allá por el 42 o así fue terrible y aquí aún menos mal que había algo al ser una granja siempre había algo de lo que tirar». Por otro, los de la diversión juvenil: «De chavales, cuando llegaba el verano, nos bañábamos en el famoso río Monelos y también íbamos al cine de Cuatro Caminos». Nada comparado a la llegada del primera tractor a la granja. En los años cincuenta, supuso todo un acontecimiento. «Aquello era un armatoste impresionante», dice.

Gregorio Santaolalla se acuerda perfectamente del momento. «El día que llegó al tractor a la granja no se trabajó», se ríe. «Estábamos todos alrededor, girando alrededor de él, tocándolo y revisándolo. Todos querían montar en él y probarlo. Durante varios días fue nuestro juguete».

Niños entre animales

A María Dolores de Escauriaza se le dibuja una sonrisa de oreja a oreja cuando piensa en la granja. Ella vivió allí hasta los 26 años. Su padre, Ricardo de Escauriaza, dirigió la institución durante 24 años. «Fueron tiempos felicísimos de una vida preciosa. Mi padre era un gran hombre. Impulsó el cultivo del lúpulo y muchos más».

La casa del director, que se llevó por delante la 2ª fase del polígono de Elviña

María Dolores jugaba, entre otros, con Tomás Martínez. «Los hijos de los trabajadores siempre andaban por allí, correteando de un lado a otro». Como él, disfrutó de una infancia rodeada de animales. «Claro, había de todo: vacas, conejos, gallinas,… Lo que más nos gustaba era ver a los pavos reales, que eran preciosos. Como andábamos todo el día por ahí, mi madre nos ponía un mandilón para no manchar los vestidos».

Al casarse, María Dolores dejó la granja. Tomás tampoco siguió trabajando allí. Fueron parte de la última generación de niños que crecieron en ese clima antes de que Lavedra (la actual avenida Alfonso Molina) la cruzase, dividiéndola en dos. «La Diputación tenía ahí un auténtico tesoro», sostiene Santolalla. En 1964 se inauguró un nuevo centro en Guísamo. Y la granja de Monelos empezó a ser un recuerdo sepia.

Anécdota: gloria y muerte:

Dentro del fomento de la selección genética, una de las actividades más importantes eran los concursos de ganado. En ellos se premiaba a los ganaderos que obtenían los mejores ejemplares. En la fotografía se puede ver a uno de ellos recibiendo el diploma que lo acredita como tal. Uno de estos concursos lo ganó en 1907 un adinerado ganadero de la zona de Pontedeume, Antonio Borrás. Presentó un toro de 785 kilos llamado «Gitano» que se presentó con cuatro años de edad. Tiempo después este toro le produjo la muerte al embestirlo a traición.


Comerciantes


Peligrosa nostalgia enlatada en oxidados discursos

En octubre de 2008, una exposición organizada por el Concello de A Coruña, O comercio coruñés no século XX. Cen anos de tendas, recuperaba fotos, útiles y documentos de los comercios coruñeses del siglo pasado.

Nueva York en Coruña, Grandes Almacenes El Pote, Saldos Arias, Saldos el Pilar, Precios Módicos… Un homenaje a la labor histórica del comercio en la ciudad a través de fotografías, anuncios publicitarios, placas originales, documentos históricos de apertura, balanzas y máquinas registradoras de la época. Incluso alguna maqueta histórica.

Un recorrido nostálgico para muchos y la oportunidad de reconstruir recuerdos para quién nos tocó ya en su etapa de decadencia y desaparición. Un pedazo de historia hilvanada entre lo que no se daba marchado y lo que estaba por venir.

Con la celebración del centenario de la Gran Vía de Madrid, el recuerdo se fue tomando en curiosidad por aquella realidad, más intuida que vivida, traspasando las fronteras de mi percepción personal hacia la experiencia colectiva que significó la profunda transformación de la ciudad en tan poco tiempo. Porque cuando los espacios cambian, la vida se reinventa… ¿o no tanto?

En mi memoria perduraban esos establecimientos, en los que mi madre revolvía entre empujones de las “señoras” que perseguían inexplicables tesoros mientras otras, con uniforme, hablaban entre sí a gritos ajenas a las clientas. Sin embargo ¿qué diferencia hay con esta innegable realidad de de centros comerciales cosificados?

La importancia de la actividad comercial, que fue creciendo a la par del desarrollo de las ciudades, o mismo siendo su artífice, no fue sólo económica relacionando la producción con el consumo, sino social en su función de generación de empleo, aunque de escaso valor, como se está viendo.

A principios de 2011 se abrió el macro centro comercial Marineda en A Coruña, el número 12, cuyo dossier promocional se iniciaba de forma ciertamente insultante hacia una bella ciudad que languidece sin expectativas. Apenas 250.000 habitantes en un pequeño istmo que no llega a los 37 km2 y que ve como su descendencia más dinámica se va yendo a los ayuntamientos colindantes.

Se habla de apuesta estratégica para generar movimiento social y económico en un área metropolitana que lleva años atascada en miopías localistas cuando la apuesta ya debe ser transnacional. Se presume de uno de los paseos marítimos más largos de Europa pero la falta de infraestructuras convierte en odisea la entrada y salida de la ciudad y un accidente en cualquier punto provoca un caos inimaginable y desproporcionado.

En medio de discursos institucionalizados que hablan de renovación, de uno y otro lado y en los distintos niveles, a los pies de nuestro universal faro, desaparece un mundo de relación e intercambio, se destruyen ecosistemas sin construir nuevas narrativas e identidades.

A raíz de la exposición de los cien años de comercio coruñes y del centenario de la madrileña Gran Vía, una historia con personajes empezó a surgir con vida propia para convertirse en el germen de un guión en el que nos pusimos a trabajar. Investigar y documentar los recuerdos nos fue sirviendo para comprender la universalidad del proceso.

Y mientras escuchaba las anécdotas e indagaba en el contexto histórico, fui recorriendo una ciudad reinventada en la búsqueda de rastros y tratando de imaginar. Porque los sitios, las calles, y los edificios, hacen a las personas. Lugares-refugio, lugares-sueños, lugares-conversación, lugares-proyectos, lugares-afectos. Y en el recorrido, fui quedando atrapada en la historia de las personas que hicieron su vida laboral atendiendo aquellos establecimientos que fueron novedad a finales de la dictadura y que no encontraron hueco en el tiempo.

Una generación silenciada y rechazada en la transición hacia un milenio que ya no las veía: demasiado mayores para adaptarse, demasiado jóvenes para jubilarse y no “molestar” al ritmo de los nuevos tiempos.

Hace 30, 40, 50 años, en el proceso de modernización todo se dio por bueno, y quizá no todo lo que había era tan malo. Cuando las pequeñas cosas se dejan de nombrar, los espacios y tiempos se transforman en nuevas realidades que incitan a la improvisación, al mal desayuno, a la ducha rápida. A no esforzarte mucho en el saludo a los vecinos porque tal vez mañana, ellos o yo, ya no estemos aquí.

En las ciudades pequeñas, las calles van quedando sin recuerdos y sin luz. Ya no se pasean porque los escaparates van enmudeciendo, igual que la ciudadanía descontextualizada.


El dinero de las mujeres


Elizabeth Fries Lummis Ellet creía que las mujeres daban forma a la historia con su influencia, lo que se hacía con “sentimiento”. Creía que era tan difícil de definir que declaró que «la historia no le puede hacer justicia».

Las obreras en las fábricas

“Nunca nadie se ha opuesto a que las mujeres trabajen. A lo único que hay objeciones es a pagar a las mujeres para trabajar”.Gladys Strum, política de Saskatchewan, provincia del oeste de Canadá.

En la ciudad había un elevado número de puestos de trabajo en un determinado tipo de fábricas en las que las mujeres eran absolutamente mayoritarias: en la fábrica de tabacos, en la de cerillas, de tejidos y las relacionadas con la pesca, el salazón y las conservas.

Las trabajadoras de estas fábricas presentaban algunas notas comunes, además de la más destacable que era la composición del cuadro de personal dominado por mujeres, entre las que destacan las siguientes:

1) El pago de su trabajo por “obra hecha”: Esta circunstancia explica, en buena medida, la escasa participación de las mujeres de las fábricas en las reivindicaciones del <primero de Mayo de lucha por las ocho horas de trabajo de jornada máxima, ya que por si se pagaba por obra hecha, no les favorecía.

  • Por similares razones, tampoco se mostraron muy participativas en las múltiples huelgas generales anteriores a 1936. Lo cierto es que gracias a que las mujeres seguían trabajando, en las casas entraba al menos un jornal que “permitía” a maridos e hijos ir a la huelga.

2) Las diferencias salariales con respecto a sus compañeros: entre un tercio y la mitad menor. Contra esta discriminación no había huelgas de protesta (ellas no se lo podían permitir y a los hombres no les interesaba).

3) Las formas de protesta empleadas por las mujeres en las fábricas: fueron, hasta bien entrado el s. XX, “más espontáneas y más viscerales” (en forma de motín) que organizadas previamente (como las huelgas). Entre los motivos de protesta destacaban:

  • Los relacionados con abuso de autoridad por parte de los jefes
  • La falta, o mala calidad, de la materia prima que trabajaban (no podían trabajar o el resultado era de mala calidad y ellas trabajaban por “obra hecha”)
  • Demandas de aumento del pago (no es correcto decir salarial ya que no les pagaban por su tiempo de trabajo)
  • En apoyo a otros colectivos en huelga
  • Por tensión y rivalidad originada entre sindicatos propios pero de diferente signo ideológico

4) La convivencia familiar dentro de la misma fábrica: Era habitual que coincidieran varias generaciones de mujeres de la misma familia por el derecho preferente de las hijas cuando se precisaban nuevas operarias.

Algo que tiene relación con el contexto de miseria y la interpretación de la implicaicón y el conocimiento por parte de las organizaciones (públicas y privadas) de la época.Este mismo caso lo veremos en La empresa de Aguas de La Coruña

  • Así como en los hombres era habitual cambiar de fábrica o de edificio a lo largo de su vida, en el caso de las mujeres no se daba esta situación. Es decir, un elevado número de mujeres podía superar los 60 años de permanencia en la misma factoría ya que entraban con 9 o 10 años y trabajaban hasta que el cuerpo aguantase.

La prensa local recoge noticias de trabajadoras ancianas fallecidas durante el trabajo. Cuando se entraba en la fábrica, era para toda la vida

5) La tardanza en asociarse sindicalmente: Esto obedecía a varias razones entre las que tenía un peso importante la oposición que, en algunos casos, ofrecían sus compañeros a dejarlas asociarse, tanto formando nuevas organizaciones como “permitiéndoles” asociarse en las ya existentes formadas por hombres.

Las cigarreras fueron las que lograron organizarse con más eficacia, alcanzando mejoras salariales con respecto al resto de los colectivos de operarias de las restantes fábricas.

Guerra al mechero

La posibilidad de obtener fuego fácilmente y en cualquier momento ha representado un gran avance en la historia de la humanidad.

Pese a parecer un producto bastante simple, una cerilla atraviesa diferentes fases en su proceso de producción y requiere una cantidad considerable de componentes químicos para la composición de su cabeza.

A grandes rasgos, es preciso lograr una combinación adecuada para garantizar todas y cada una de sus propiedades: facilidad de combustión, tamaño apropiado de la llama y sencillez de apagado.


La fábrica de cerillas, cerca de los actuales juzgados y por donde pasaba "O Rego dos Xudeus"

Vista panorámica. Al fondo el lavadero de La Falperra, que es el edificio que está arriba y a la derecha, por encima de las sábanas que están a clareo

Más sobre La fábrica de cerillas de A Coruña


Las cigarreras



Edificio de las cigarreras, requisado por Franco para los militares.
Muchos años después fue “devuelto” a la UGT. Así estaba en 1945


Dolores Temprano, cigarrera

La fábrica de Tabacos contó, desde sus inicios y durante más de cien años, con un cuadro de personal casi exclusivamente femenino. La razón era exclusivamente económica -los menores salarios pagados a las mujeres- aunque la justificación que daba el monarca cuando aprobaba el reglamento de la fábrica justificándose esta decisión en la mejor adecuación del trabajo a las manos femeninas.

El rey: deseoso de elevar la renta del tabaco al grado de prosperidad y de aumento de que se es capaz (…), he recomendado el mayor esmero en las labores que se ejecuten en mis reales fábricas de cigarros de la península. Pero como sin que estas se arreglen y uniformen como es debido no será posible darles la extensión y solidez de que son capaces, (…) [si no] ocupando en ellas sólo las manos delicadas de las mujeres, que no usurpa las de los hombres a la agricultura y otros ramos que exigen robustez y fortaleza.

FERNANDO VII. Real Decreto. 19-12-1817.

La importancia de la fábrica de Tabacos en la ciudad es indiscutible pero la historia de las cigarreras, ha entrado por derecho propio en la Historia, con mayúsculas, de la ciudad.


Las mujeres del puerto

A principios del siglo XX las mujeres tenían fuerte presencia en el puerto y los muelles coruñeses en diferentes colectivos especializados en tareas directamente relacionadas con la pesca y con las mercancías, tanto las transportadas en barcos como las necesarias para su funcionamiento: carga, descarga, manipulación del pescado fresco, atención a las chabolas de los pescadores y sus aparejos de pesca…

No eran trabajos exclusivamente “femeninos” pero sí en los que las mujeres eran mayoritarias y contaron en numerosas ocasiones con la oposición de sus “compañeros” que llegaron incluso a protagonizar jornadas de huelga por lo que consideraban una intromisión en un terreno que consideraban propio, como la huelga de 180 pescadores coruñeses en el verano de 1904 en protesta para la supresión de armadoras, es decir, la no intervención en las operaciones de pesca, ni la intermediación entre los patronos y los traficantes, ni en la venta de pescado…

“La energía social”: el sindicato de las demandadeiras o mandadeiras

En realidad el nombre “mandadeiras” viene de que se dedicaron a hacer “mandados”, es decir llevar y recibir mensajes y envíos. El MRW de aquellos tiempos, pero con siete faldas y pañuelo en la cabeza. Las “buenas familias” tenían de mano una “mandadeira”, que pasaban de vez en cuando por la casa para ver si necesitaban algo. Pero no sólo llevaban mensajes, como se puede ver en las fotografías.

Fue un colectivo muy numeroso que variaba en función del volumen de tráfico marítimo de pasajeros. Su momento álgido coincidió, como no, con el de mayor actividad flujo de la emigración hacia América.

Durante todo el tiempo de existencia de este “oficio”, estas mujeres tuvieron que hacer frente a un problema recurrente: la vulneración de sus derechos por parte de los hombres (los mozos en las paradas de coches y los estibadores en el puerto) que les impedían realizar su trabajo. Sus quejas aparecen de modo esporádico pero recurrente en prensa durante el primer tercio del siglo XX y siempre relacionadas con la falta de asistencia de los agentes de orden público. El papel de la prensa por aquel entonces era muy diferente…

Pero el mayor abuso venía del colectivo de hoteletos y fondistas por las estafas y comisiones ilegales que aplican a los viajeros que llegan al puerto. Entre las largas jornadas de duro trabajo y la atención de sus hogares y familias, estas mujeres tenían menos tiempo que los hombres para asociarse pero en junio de 1919 se unieron y constituyeron el sindicato La Energía Social para desenmascarar y denunciar públicamente los abusos y estafas.

Cadena de oficios tradicionales:Los zuecos gallegos caminan desde el barro hacia la pasarela

El calzado de las mujeres en el puerto en 1944 En pasarela y por encargo en la actualidad



La salud de la ciudadanía

El Hospital Labaca

Historia de un edificio singular

En 1917, Dña. Angelita Labaca y su hermano, dejan un legado en su testamento por el cual se constituye una Fundación Benéfica, con la intención de actuar en la Educación y la Sanidad, ordenando que se construyan escuelas y un Hospital Materno Infantil.

  • Las escuelas se construyeron en la calle de Juan Flórez y siguen desarrollando su trabajo en la actualidad.
  • El Hospital Materno-Infantil, se construyó en el lugar de A Coruña, llamado Monserrat, según el proyecto del arquitecto Leoncio Bescansa, en el cual también se contemplaba la construcción de una iglesia y la Escuela de Enfermeras y Matronas. La Iglesia se llevó a termino, pero no la Escuela de Matronas.

El Patronato, presidido por el sacerdote D. José Sánchez Mosquera, debido a las dificultades económicas dimitió y fue sustituido por otro presidido por el magistrado de la Audiencia D. Atanagildo Pardo de Andrade, que logró formar una Junta en la que estaban personas de prestigio social y económico, logrando terminar el Hospital, aunque con algunos recortes, por ejemplo, la vivienda del Director.

Alrededor de 1928, el Hospital Labaca entra en pleno funcionamiento, sosteniéndose con los fondos de la Fundación Labaca, donaciones altruistas y pequeños ingresos por sus actividades privadas. Tenia muy buena estructura física, buen instrumental para la época, y una organización extraordinaria, con Dirección, Servicios médicos y quirúrgicos, laboratorio, Rx, lavandería, cocinas, toda una dotación para la época.

  • Contaba con 100 camas en distintos servicios, los más importantes Materno-infantiles, excepcional en aquellos tiempos en los que este valor era el más importante (los Sanatorios de la ciudad no pasaban de 6 a 8, exceptuando el Hospital Militar) El Hospital de la Beneficencia, situado en la zona de Zalaeta estaba en decadencia por distintas razones , teniendo 25 camas. No existía la Seguridad Social.
  • En la Planta baja, estaba la Dirección, Administración, laboratorios, Rx, lavandería y cocinas.
  • En la zona norte de la planta baja, se instaló una sala de enfermos psiquiátricos agudos.
  • En la primera planta estaban las salas materno-infantiles en la zona Sur, y el la Norte un sector privado con habitaciones individuales. Asimismo, en dicha planta estaban las áreas quirúrgicas, con amplios quirófanos.

De construcción posterior es la segunda planta, aunque ya estaba en el proyecto inicial, y se llevó a cabo cuando mejoró la tesorería; se instalaron dos grandes salas, una de hombres y otra de mujeres, completamente independientes, en zonas norte y sur. En esa planta estaba también la Comunidad de Hermanas de la Caridad.

Tuvo este Hospital una gran actividad, siendo muy utilizado por las habitantes de la ciudad y su entorno. Durante la guerra Civil Española, bajo la dirección del Dr. Barcia Goyanes, fue utilizado como Hospital de guerra, especializado en neurocirugía atendía a los heridos del conflicto, Está considerado como el primer hospital de guerra del mundo.

En 1950, fue adquirido por el ayuntamiento de La Coruña a la Fundación Labaca, al precio de 7.000.000. de pesetas, elevado para la época, para albergar la asistencia a la Beneficencia, por aquel entonces importantísima, porque todavía no existía la Seguridad Social. Se cerró el Hospital de Zalaeta, que estaba en malísimas condiciones y el dintel del mismo, que recuerda a la gran benefactora Teresa Herrera, se instaló a la entrada del Hospital Labaca, donde permanece actualmente.

Poco a poco comienza el gran desarrollo sanitario de la ciudad, de la mano de la Seguridad Social y de varios centros privados. El Hospital Labaca entra en lenta pero progresiva decadencia.

En 1971,la Asociación Española contra el Cáncer, crea en A Coruña, un Centro Oncológico, al que dota básicamente con una Unidad de Cobalto, que por aquel entonces era un equipo poco frecuente en España (en Galicia había otros dos exactamente iguales, uno en la Universidad de Santiago y otro en la Clínica Povisa de Vigo). La Junta Provincial estaba presidida por D. José Antonio Quiroga y la Junta de Damas por Dña.Susi Marchesi, El Alcalde de la ciudad era D. José Pérez Arda. El Ayuntamiento cedió el ala sur de la planta baja, y a continuación de la misma, se construyó un búnker en el cual se alojó la unidad de Co-60, con las dependencias necesarias. En el espacio que quedó sobre el búnker se instaló un quirófano con dependencias afines.

En la planta baja cedida, se montaron laboratorios, radiología, medicina nuclear, dos despachos médicos y administración.

El Centro Oncológico se acogió a la norma Nacional, estando situado en el Grupo III Nivel IV, recibiendo enfermos de la Seguridad Social que precisaban tratamiento oncológico, con pago por estancia y sesión de tratamiento. Había algún paciente de Compañías privadas, que por entonces comenzaban a trabajar y algún raro paciente privado que pagaba su tratamiento.

Así se inició la andadura del COG con el Hospital Labaca.

En 1978-1980, el Ayuntamiento decide reformar profundamente el Hospital, para transformarlo en un Hospital General con posibilidades de concertarse con la SS. Se realizan las obras, pero el acuerdo con la SS fracasa y el Hospital comienza a ser una carga insoportable para el Ayuntamiento, especialmente por su pequeño tamaño, por lo que en 1986, se llegó al acuerdo entre el COG (que se constituye en Fundación indepediente) y el Ayuntamiento, en forma de cesión administrativa por 50 años y abonando un canon anual del 7% del valor estimado del inmueble y equipamiento, con elevación anual del IPC. Se firma el acuerdo entre el Alcalde Francisco Vázquez y el Presidente de la Fundación José Antonio Quiroga. El personal, en agradecimiento y reconocimiento de su labor, hace un escrito pidiendo que la Fundación se llame José Antonio Quiroga Piñeyro, cosa que se consigue, conservando el nombre en la actualidad.

A partir de ese momento comienza un extraordinario desarrollo del COG instalado en el Antiguo Hospital Labaca, que continua en nuestros días, como uno de los mejores Hospitales monográficos dedicado al tratamiento integral del cáncer.

La calle "del desprecio y el deseo"


Mítico y desaparecido barrio chino en A Coruña. Fuente de inspiración para Camilo José Cela en La familia de Pascual Duarte:

E hice de todo un poco -relata el atribulado Pascual- hasta que terminé mi tiempo de puerto de mar viviendo en casa de la Apacha, en la calle del Papagayo, subiendo a la izquierda, donde serví un poco para todo, aunque mi principal trabajo se limitaba a poner de patitas en la calle a aquellos a quienes se les notaba que no iban más que a alborotar.

En La cruz de San Andrés vuelve el barrio a colarse en la literatura del Nobel:

El viento sopla con ira contra el rompeolas del Orzán espantando a las putas de la calle Papagayo, que tampoco son demasiado asustadizas, Marica la Caralluda de Valadouro, Trinidad la Madrileña, Carmela Conacha Brava y otras, todas capaces de plantar cara a un marinero inglés borracho

El alcalde Liaño Flores acabó por regalar a Cela la antigua placa de la calle

El escritor y el alcalde Liaño Flores descorren la bandera española que cubría la placa. Suena el himno nacional. Queda inaugurada la ronda Camilo José Cela. Es el 25 de julio de 1976. A los postres, el autor de La colmena recibe la antigua placa de la calle Papagayo.



Fin de la historia:

La historia de dos generaciones pendiente de contar

Maribel Longueira ralizó el reportaje fotográfico del derribo de las desaparecidas y literarias “casas del amor” coruñesas y este vídeo



Crowdfunding ciudadano


La "pequeña" historia de la Blanca Quiroga

La Blanca Quiroga fue la primera embarcación de salvamento marítimo que operó en España. Y aunque ahora se la cita como la primera base de la Cruz Roja del Mar, fue una iniciativa ciudadana en 1970 a raíz de la tragedia del pesquero La Isla, que embarrancó a escasos metros del Faro de Hércules en A Coruña. Familiares y vecinos oían sus gritos desde tierra.

Eran las cinco de la madrugada y el pesquero La Isla navegaba hacia el puerto de A Coruña con una buena marea de merluza. Por causas que treinta años después aún no están claras, encalló contra los bajos de la Torre Hércules. Sólo el maquinista del barco, Ramón Seoane Martínez pudo ser recogido con vida después de permanecer seis horas en el mar agarrado a un tablón.

La tragedia de La Isla es recordada con rabia y desesperación por los ciudadanos coruñeses, pero sobre todo por los vecinos de As Lagoas. Escuchaban los llantos de los náufragos, sus desesperadas llamadas de auxilio. Sin embargo era imposible hacer nada por ellos desde tierra. Le tiraban cabos pero el mar los transformaba en hilos de coser.

La frustración ciudadana fue recogida por Francisco Dotras Lamberti (cónsul de Francia) en un movimiento social que consiguió traer al puerto de Coruña dos embarcaciones inglesas diseñadas para el rescate de personas en el mar. Es decir, fue una iniciativa ciudadana la que consiguió las donaciones de particulares e instituciones para que, en 1973, llegara a Coruña la lancha Blanca Quiroga.

Tras 29 años de servicios, la pequeña embarcación, que participó en incontables salvamentos y catástrofes como el Urquiola y el Mar Egeo, reposa y observa desde un recién recuperado parque de la ciudad. Y supongo que no entiende nuestra torpe miopía que salta de la fiesta del bronceador a la tragedia de daños en paseos marítimos.



El Club del Mar


Agra de San Amaro


En 1940


Primeros tiempos del Club del Mar

Beiramar, liña do f.c. para a construción do dique de abrigo, 1953

un lugar en el que los vecinos podían venir a ducharse



Educación... ¿"especial"?


Visionarios que hicieron el camino

La ley Moyano de 1857 establecía el deber del Estado de promover las enseñanzas para sordomudos y ciegos, pero a finales del siglo XIX apenas existían unos pocos colegios públicos dedicados a ellos en España. Si en materia de educación predominaba el atraso y el analfabetismo, en el caso de las enseñanzas especiales el panorama era desolador. Frente a la inacción del Estado, fue la iniciativa personal, movida por la caridad y la compasión, la que logró crear diferentes escuelas para los que, de acuerdo con la mentalidad dominante en aquella época, que se movía entre el desprecio y la misericordia, eran considerados como los desgraciados e infelices ciegos.

Escuela de ciegos en el campo de la leña

Abrió con siete alumnos de los 15 invidentes que mendigaban en la ciudad. El 12 de octubre de 1895, en el Campo de la Leña, en el bajo de la casa número 8, se inauguraba la Escuela de Ciegos. Era la primera que existía en A Coruña y la segunda en Galicia, después del Colegio de Sordomudos y Ciegos establecido en 1864 en Santiago.

Pero a pesar de que la ley lo contemplaba, fue una iniciativa personal del presbítero José María Salgado, que promovió y consiguió la ayuda económica de amigos y protectores para abrir una escuela donde se impartirían clases de educación e instrucción primaria para niñas y niños ciegos mayores de 7 años y menores de 16. Se les enseñaría a leer, escribir y contar, doctrina cristiana, gramática castellana, nociones de historia, geografía y geometría y, especialmente, música, estimada como el instrumento educativo y la ocupación más apropiada para los ciegos. Las clases serían gratuitas para los pobres y de retribución convencional para los demás.


Documentación:


El uso del espacio público


San Xoan: Meigas fora

Las hogueras y sus conversaciones sobrevivieron incluso durante la dictadura pero, lo que no consiguió la represión, se lo está llevando por delante la “institucionalización” de la fiesta. Cuando hace algo más de una década la gente joven hibridó la antigua tradición llevando las hogueras a la playa, la ciudadanía acogió con cariño la evolución: disfrutabas de la hoguera y las sardinas en tu “sitio de siempre” y bajabas a disfrutar del espectáculo.

Porque eso era la noche de San Xoan en A Coruña, una noche de familias, amigos y conversaciones en cada calle, en todos los barrios, en toda la ciudad.


La noche de San Xoan en Coruña siempre fue una fiesta popular, entrañable y poderosa, al margen de la (rancia) versión institucional. Pero el poder no combate las lógicas ciudadanas, las usurpa. Desde hace un par de años tenemos programa oficial, carteles en ingles y español (San Juan is back), normas reguladoras, multas, dispositivos especiales para “dirigir” los comportamientos… El espectáculo de la playa se ha vuelto masificado e insoportable, tal vez por eso se empieza a sentir el movimiento de vuelta a los barrios…

La ciudadanía hace la historia pero su temporalidad natural es anulada por las lógicas del poder. Sin embargo la ciudad global que pretendemos no existe, incluso en las grandes urbes hay jerarquías y conviven distintos niveles de economía y relaciones. En cada ciudad hay muchas ciudades.


El Monte de Santa Margarita

Los primeros terrenos fueron comprados en 1929 y el recinto iba a llamarse Joaquín Costa

La voracidad inmobiliaria estuvo a punto de tragárselo, pero al final pudo salvarse. Durante muchos años permaneció como un descampado, con una cantera que invitaba al suicidio y una estructura del palacete (hoy Casa de las Ciencias) que recordaba a muchos el de Hiroshima después de la bomba atómica. Se trata del parque de Santa Margarita, felizmente inaugurado el 15 de julio de 1977 por el alcalde José Manuel Liaño Flores, que exhortó a los coruñeses a conservarlo con cariño.

Fue en 1929 cuando el Ayuntamiento coruñés adquirió los primeros terrenos del entonces lejano monte de Santa Margarita, con la intención de crear un parque. La ciudad tenía 75.000 habitantes y el presupuesto municipal no llegaba a los cinco millones de pesetas.

Fue, precisamente, la limitación presupuestaria la que hizo que la urbanización del recinto, que se iba a llamar parque Joaquín Costa, fuese demorándose. La guerra civil del 36 arrinconó todavía más el proyecto, que renació cuando en mayo de 1947 llegó a la alcaldía Alfonso Molina Brandao.

Al año siguiente, el ya prestigiado arquitecto Juan González Cebrián, que precisamente había obtenido el Premio Nacional de Arquitectura con un trabajo sobre los jardines españoles, presentaba un ambicioso proyecto sobre el parque de Santa Margarita. En una entrevista aparecida a primeros de diciembre en la prensa local, señalaba González Cebrián: «El parque constará en su conjunto de los siguientes elementos: parque periférico, Parterre, Escalinata, Jardín del Molino y Jardín de los Estanques. Todos estos elementos estarán cuidadosamente unificados mediante ejes reducidos por avenidas con un punto de partida común en el estanque de la parte más alta del parque». A lo que añadía: «Todo el jardín, excepto la parte que mira a la bahía, estará cuidadosamente aislado por la vegetación proyectada de la vista de los suburbios que actualmente rodean Santa Margarita».

Pero el elegante proyecto no llegaría a realizarse por problemas económicos. A comienzos de los cincuenta comenzó a construirse, donde hoy está la Casa de las Ciencias, un palacete, del que sólo se terminó la estructura y que permanecería así hasta que el alcalde Francisco Vázquez decidió darle el impulso definitivo.

Mientras tanto, las edificaciones iban avanzando hacia el parque. Desaparecido el colegio Dequidt y el chalet de Molezún por un lado, y no concretados los límites de la zona de la avenida de Finisterre y de la zona contigua al viejo molino, sólo permanecía como límite sólido las viviendas del Grupo Juan Canalejo, inauguradas en los 50 y que pretendían ser una reprodución en barato de la Ciudad Jardín de Riazor.

El parque, no obstante, sirvió para esparcimiento de muchos coruñeses, con algunas celebraciones tradicionales, como la romería del mes de agosto, que contó con algunas visitas del caudillo Franco, especialmente cuando estaba de alcalde Alfonso Molina. Al Generalísimo le gustaba sentarse a la sombra de los pinos y degustar la típica empanada, especialmente la de xoubas, mientras su esposa Carmen Polo prefería el pulpo a la gallega.

Curiosa fue la emisora de RNE que en unos carromatos permaneció cerca del molino durante muchos años. Había sido un regalo de Hitler a Franco durante la Guerra Civil y, tras funcionar en Burgos hasta 1939, llegó a Santa Margarita y rindió sus buenos servicios en la emisora local que comenzó a funcionar en 1941. Hemeroteca de La Voz de Galicia

Décadas de los 50, 60 y 70


En Santa Margarita había un camping…

#15M: Acampada Coruña

Tejiendo realidad-es

La ficción política se tropezó con la realidad ciudadana. Saltaban chispas por todas partes, pero parecía el cuento del lobo has que entró en acción la ciudadanía como suma de realidades que se tejen cuando alguna de esas chispas prenden. Y la ciudadanía decidió ocupar el espacio público



Competiciones ciudadanas





1967: Carreras de coches en La Zapateira


Circuito urbano en la ciudad de la Coruña, año 1968



Con la casa a cuestas... en As Xubias

En febrero de 2011 se inauguró en las Arquerías del Ministerio de Fomento la Exposición “Efímeras, Alternativas habitables”, una retrospectiva de las propuestas de vivienda efímera realizadas durante la últimas décadas. Se dividía en cuatro grandes grupos de proyectos bajo los títulos de Tecnología, Emergencia, Bajo Coste y Hazlo tu mismo e incluyó desde los diseños de Archigram hasta trabajos recientes como los de Martín de Azúa pasando por los prototipos de Buckminster Fuller y este Prototipo Bubble.



Cultura pero... ¿Qué cultura


Vestir la ciudad

La guerrilla del ganchillo

La evolución en el arte urbano, sobre todo desde los 70, ha dado paso a una enriquecedora diversidad de formatos. Desde sus reivindicativos orígenes, el graffiti se ha asentado como medio de expresión incluso como herramienta para humanizar y dar color a al devaluado espacio urbano, que ha crecido olvidando la expresión de lo personal.

El yarn bombing es una variante más, en este caso un colorido ejercicio que echa mano de connotaciones tan hogareñas como el punto y el bordado para revestir o adornar elementos urbanos. La expresión humana sale a la calle para rasgar el gris que nos envuelve y alterar la artificialidad de nuestro ¿orden? que ahora se agrava por el pesimismo de la falta de visión.

La iniciativa surgió de la incansable olla de ideas de Lucía y la idea era sencilla: vestir al Soldado Romano de Botero situado ante la Domus coruñesa. El resultado fue una gamberrada amable que ya en un día desapacible termino provocando que muchos viandantes abandonaran el paseo al borde del atlántico para fotografiarse bajo esta imagen peculiar.


De nuevo Lucía y la Guerrilla del Ganchillo se reunían para dar un toque de color, en esta ocasión vistiendo una treintena de árboles en la coruñesa Plaza de Pontevedra. Una acción que despertó curiosidad y sonrisas de manera inmediata por parte de toda la gente que en ese momento pasaba por la zona. Un gesto amable, como en su momento lo fue el vestir al guerrero de la Domus.


Henry Chalfant sacaba fotos a trenes y convoyes de metro allá por los 70. Era una labor continuada, y no le pasó desapercibido el hecho de que cada vez fueran más numerosa y más definida la presencia de graffities. Chalfant empezó a acercarse a la juventud de los suburbios, ganándose su confianza gracias a sus fotos, sirviendo esto para que se convirtiera en el primer gran cronista de la cultura urbana desde finales de esa década, con el colofón que supuso co-dirigir en 1983 la película capital sobre el street art: Style Wars.

Chalfant es, ademas de fotógrafo, antropólogo. Quizás este fuera el matiz diferenciador en su capacidad para percibir visualmente algún tipo de relevancia en el arte urbano. Su acercamiento a clanes y segmentos callejeros le sirvió para constatar que, efectivamente, en muchos casos los graffities eran marcas personales, pero sobre todo llegaban a constituir un sistema de comunicación: desde la delimitación de los territorios, hasta una manera de enviar mensajes de una zona de la ciudad a otra mediante los vagones de metro que de un modo u otro siempre llegaban.


El "día internacional de los museos"

**Las instituciones intentando sobrevivir a su propia institucionalización**

El Día Internacional del Museo se celebra en todo el mundo desde 1977 (resolución 5, tomada en la XII Asamblea General del ICOM en Moscú) y el tema de cada año es elegido por el Consejo Internacional de Museos (ICOM), que viendo todos los organismos que lo forman, no es cualquier cosa.

El objetivo de la celebración es “ofrecer a los museos y a sus profesionales la oportunidad de acercarse al público y a la sociedad y hacerles conocer los cambios que los museos desarrollan”.


La ciudadanía como excusa

  • Definición oficial de museo: una institución al servicio de la sociedad y de su desarrollo.
  • Procedimiento de elección del lema anual: se discute en Noticias del ICOM, una revista que da a conocer sus actividades y se distribuye entre los miembros.

El Día Internacional del Museo es un motivo para propiciar las iniciativas que promuevan sus instituciones, destinadas al público, intentando además dirigir la atención de las instituciones de las que dependen y de los gobiernos hacia las funciones y necesidades de los museos, e incrementando el diálogo entre los profesionales y las distintas disciplinas o especialidades.

Conociendo que cada país tiene sus propias tradiciones y condicionantes, se recomienda que los miembros organicen sus eventos alrededor del 18 de mayo, siguiendo el espíritu que lo motiva: “Los Museos son un importante instrumento para el intercambio cultural, el enriquecimiento de las culturas y en el avance del mutuo entendimiento, de la cooperación y de la paz entre los pueblos”.



El arte de la pelea

Agosto de 2013: Primer combate de dibujantes

En el ya lejano 8 de agosto en A Coruña, en las bellas instalaciones de The Room, tuvo lugar una reunión nocturna de personas de la más alta distinción social para divertirse en una fiesta siempre merecedora de recordación y en la que se solemnizaba el primer Combate de Dibujantes, organizado por AGPI, dentro de los fastos de Viñetas desde o Atlántico.

El original evento reunió a ocho dibujantes, ocho, de singular presencia. En los combates uno contra uno, a lo “Yo el halcón“, se enfrentaron un dibujante del equipo rojo contra otro del equipo azul, en un ring con sendos blocs de dibujo de gran formato. Los motivos a plasmar provenían de la combinación de dos palabras extraídas al azar por el encantador público.

Tras 4 minutos de combate, la multitud congregada votaba mostrando la cartulina del color del equipo del dibujante que creyera merecedor de la victoria.


Agosto 2014: Segundo combate Agosto 2015: Tercer combate



Una ciudad de cine




Auge y declive

En 1896, el fotógrafo francés afincado en A Coruña José Sellier Loup realizó la primera proyección de películas de los Lumiére en la ciudad, según el productor y estudioso del cine Ignacio Benedeti. Poco después, grababa en la ciudad las primeras películas de cine que se hicieron en Galicia: Entierro del General Sánchez Bregua, Orzán, oleaje, y Temporal en Riazor son algunos de los títulos. Eran los primeros compases de una estrecha relación de la ciudad con el cine, que tendría un punto álgido a mediados del siglo pasado cuando “la gente vivía para el cine”, y este se convirtió en el acontecimiento social por antonomasia.

Benedeti defiende que la época dorada del cine en la ciudad, cuando estuvieron abiertos más locales simultáneamente, se sitúa entre 1939 y 1965. “Entre los cuarenta y principios de los sesenta, unos 18 locales cinematográficos competían entre sí, sin contar con las salas de exhibición de órdenes religiosas y colegios y los cine clubes”. En esta época los empresarios invirtieron en A Coruña para crear “suntuosos locales de exhibición, a cada cual más grandioso, como el cine Coruña, el teatro Colón o el pequeño pero elegante Equitativa original”.

Fue un periodo de auge no ya por el número de cines, sino por la variedad. “Hay un mayor número de salas en los multicines de ahora, pero todas proyectan las mismas películas”. En aquel entonces, “cada cine exhibía una película diferente” y había un formato para cada tipo de público. En la escala de la pirámide social, y del precio de las entradas, estaban los “cines de primera”, salas de estreno del centro, que pasaban las “superproducciones”.

Luego estaban las salas de estreno periféricas, que se abastecían de filmes no tan populares. Y, por último, los cines de barrio, con pases de reestreno y menos categoría, a los que “la gente iba a pasarlo bien” y había más jarana. El público alborotaba especialmente en el cine Hércules, pues esta sala compartía propietario en el Monelos, y en los dos se pasaba el mismo filme, en los mismos rollos de película y el mismo día. El transportista tenía que llevarlos de un lado a otro con rapidez, pues, si se retrasaba, se paraba la película y empezaban los silbidos y los pateos.

A partir de finales de los años 60 se incorporaron también las salas de arte y ensayo, como el Goya, en la que una película que incluía la escena de un parto provocó desmayos entre el público asistente y ambulancias en la puerta. Pero en esta década el cine empezó su decadencia. Primero el 600, las discotecas y la televisión, y luego el vídeo, fueron haciendo que decayera el hábito de ir a las salas.

Pero las películas no serían nada sin las personas que iban a verlas y el recorrido está lleno de las anécdotas y los personajes que poblaron las salas coruñesas. Como el director de cine de terror Amando de Ossorio, “una persona olvidada que en la ciudad no tiene ni una esquina con su nombre, pero que en Estados Unidos es director de culto”, y que en su infancia escuchaba el ruido del proyector del cine París desde su ventana. O el acomodador Chousa, curtido en la División Azul y que imponía orden en la sala del cine Hércules, frecuentado por el público "del barrio chino, prostitutas, marineros...“ antes de trabajar en el Equitativa.

Y, por supuesto, la figura de José Sellier, pues, después de la conferencia Benedeti mostró una fotografía tridimensional que tomó el precursor del cine de la inauguración del Obelisco, hace 120 años.

25 años del CGAI

El Centro Galego de Artes da Imaxe (CGAI-Filmoteca de Galicia) celebró 25 años de su labor de recuperación del patrimonio fílmico gallego con la proyección de tres piezas inéditas grabadas por el fotógrafo Ángel Blanco Villar entre los años 1929 y 1931 y custodiadas por el CGAI. Las obras proyectadas para conmemorar promoción de la difusión audiovisual del centro fueron “Playa de Riazor”, “Dornier en La Coruña” y “Sanatoria de Oza y Playa de Lareto”.

Las proyecciones fueron presentadas por el fotógrafo y discípulo de Ángel Blanco, Alberto Martí, quien es también el legatario del archivo fotográfico y cinematográfico del estudio Foto Blanco, que incluye numerosos reportajes de la vida social en A Coruña a mediados del siglo XX. Durante estos 25 años, el centro ha proyectado más de 7.500 filmes ante 300.000 espectadores. Además, ha contado con un equipo para la recuperación, conservación y difusión del patrimonio fílmico y fotográfico gallego, así como en la promoción entre la sociedad de la comunidad.


Reescribiendo película malditas

50 años de El Andamio

A Coruña, finales de los años cincuenta. Un grupo de aficionados al cine, en un tiempo sin cámaras digitales, decide rodar una película, El andamio (Rogelio Amigo, 1958), sobre un obrero que muere tras caer de un andamio. Pese a su tono reivindicativo, el título logra burlar la censura y gana un premio en el Festival de San Sebastián en 1958. Las autoridades se percatan entonces de su contenido incendiario y deciden enterrar el filme.

Cincuenta años después, la productora Ángel Rueda y el Centro Galego das Artes da Imaxe (CGAI) han restaurado la película maldita. Pero no sólo eso, reescribir la historia añadía nuevas miradas que merecían ser contadas. El proyecto fue documentado, y narrado, por José Manuel Sande.

La búsqueda de los protagonistas de la cinta sirvió de hilo argumental del documental 50 años en El Andamio (Ángel Rueda, 2008), que trata de descifrar cómo se pudo realizar una película amateur de estas caracteríticas en los años cincuenta. Después de 50 años de silencio, ambas películas se estrenaron en el CGAI.

Participar en el fue una aventura deliciosa, a pesar del calor que hacía en agosto en Madrid cuando fuimos a grabar a Rogelio Amigo. Su reencuentro con José Mª Pujalte, se habían perdido la pista desde los años 70, fue especialmente emocionante. Es una lástima no tener también registro de las anécdotas que se contaron. Y las que fueron surgiendo.

A pesar de que la grabación de esta película no estaba sujeta a ninguna subvención, se financió a través de patrocinios, parece perseguida por algún maleficio que la aparta de los caminos transitados. Al ser de propiedad pública la única copia del corto original, su distribución queda relegada a los circuitos de filmotecas y festivales. Una lástima.



(S8) Mostra de Cinema Periférico

Las periferias

El Xacobeo 2010 abrió una nueva línea de actuaciones bajo el nombre de Xacobeo Filme desde la cual aglutinaron proyectos con cierta solera de la oferta audiovisual gallega. Esto coincidió en el tiempo con el esfuerzo de Ángel Rueda por levantar un encuentro, atípico y peculiar, en torno a los límites de lo cinematográfico, con especial atención a los formatos primigenios, de ahí el nombre del certamen: S8, Mostra de Cinema Periférico.

Co Super 8 como punto de partida explorarase a periferia do cine, dende as creacións máis vangardistas que se apoian nas novas tecnoloxías ata as técnicas cinematográficas tradicionais. Conceptos como, Cine Performativo, Expanded Cinema, Cine-Ensaio ou Cine Documental abordan dende a periferia un cinema que aposta pola conciliación entre os novos e os vellos modos de realización e produción.

La realidad fue más allá. El S8 fue una confluencia arriesgada de talentos varios que se presentaban a un público que acudía también para recuperar como espacio abierto la antigua cárcel provincial, sede del certamen.

¡Bienvenidos a la cárcel!


El primer éxito de la muestra fue conseguir que, una vez superada la expectación provocada por la apertura del edificio, el público se involucrara. El segundo, que la vanguardia fuera capaz de plantearse sin adoctrinamientos, sabiendo llegar a este público “casual”. El tercero, colmar a aquellas personas que ya sabían a qué acudían, con llenos en las diferentes proyecciones y en las masterclass impartidas.


Relato personal: Trash entre “amiguiños”

Mi tendencia a intelectualizar me llevó a una reflexión, ya no sé si ética o estética, pero al ser invocado, entró en escena el Profesor Repronto y me tuve que rendir a la evidencia. Y como la vida son causalidades y casualidades, en A Coruña se ha celebrado este fin de semana la (S8) I Mostra de Cinema Periférico y uno de los de sus ejes centrales fue el Trash entre amigos en la antigua cárcel de Coruña, a la que por fin se empieza a dar un uso “cultural” (por si a alguien le quedaban dudas de que sí es cultura).

Así que ahí estuve yo (y muchísimas más personas pero más jóvenes) en el patio de hombres de la antigua cárcel, al lado de nuestro Faro de Hércules Patrimonio de la Humanidad viendo “El ataque de los muertos sin ojos” de Amando de Ossorio (1973/ 91’), de la mano de Rubén Lardín, el Señor Ausente, Nacho Vigalondo y El Profesor Repronto. Con sus respectivos micrófonos en mano, nos deleitaron con una película paralela y simultánea, acompañados por los inestimables comentarios de las gaviotas made in Galicia y convenientemente inspirados con buen licor café casero, en botella de diseño, que sirvió de paso para establecer el marco de referencia con Lost.


Convivencia musical

Relato fotográfico

Francisco Pillado González (A Coruña, 1892-1977)

Retrató A Coruña y sus gentes a lo largo de varias décadas, fue uno de los fundadores de la Sociedad Fotográfica Coruñesa y asiduo contertulio en la rebotica de Pardo Reguera

Una Coruña pequeña, que empezaba en la Ciudad Vieja y poco menos que terminaba en la Plaza de Ourense, y que él recorrió una y mil veces en busca de la mejor perspectiva o la escena costumbrista más auténtica. Otras son imágenes familiares. En todas ponía esmero en el encuadre -a veces de gran modernidad y belleza formal- y en las sombras.


El corralón de la Gaiteira


La memoria colectiva que se abandonó a su suerte

El Corralón ya presentaba un importante deterioro en el año 2002 pero la estructura todavía era susceptible de salvarse del derrumbe. Pero no era sólo la memoria del barrio, en el Corralón de A Gaiteira pasaron muchas cosas…


Espíritu deportivo

Ciclistas


Grupo de ciclistas en la primera década del siglo XIX

Competiciones de ciclistas


Concursos hípicos

El primer documento gráfico conocido sobre los concursos hípicos en la ciudad de La Coruña data de 1906. En el denominado por la prensa “Corralón de la Gaiteira” anexo a la fábrica de Tabacos, se efectuaron las pruebas ecuestres recogidas en fotografías de la época.

A partir de 1911 el “Concurso Hípico General” se traslada a la zona de Riazor, al campo del Real Club Deportivo, con la colaboración “del préstamo amistoso de las tribunas del Club de Tiro de Pichón para aumentar las localidades. A finales de los años 20, la competición se desarrolla en el Campo de la Estrada.

La fiebre del fúltbol: Los inicios del Depor

Canal Deportivo

El fútbol llega a la ciudad herculina por mar en los primeros años del siglo, en 1902, procedente del Reino Unido y traído por un coruñés, José María Abalo. Dos años más tarde, en marzo de 1904, tiene lugar en el Corralón de la Gaiteira el primer partido “serio” de fútbol disputado en A Coruña. Después de las enseñanzas de Abalo a sus compañeros en la antigua plaza de toros, se pasó al nuevo recinto para que un combinado coruñés, con el pomposo nombre de “Corunna”, se enfrentara a la tripulación del barco inglés “Dilligent”. Se sentaron así las bases para que este nuevo deporte se instalase en la ciudad de manera definitiva.

la primera fotografía de la que hay constancia en los más de cien años de historia del Real Club Deportivo de La Coruña. La imagen, que permanecía custodiada en el archivo municipal, fue tomada por Pedro Ferrer, un legendario fotógrafo de la época, el 24 de agosto de 1907, apenas un año después de la fundación del club.

La foto retrata un partido entre el Deportivo de la Sala Calvet, denominación de entonces del equipo coruñés, y el Pontevedra Sporting Club. El encuentro se celebró en el Corralón de A Gaiteira y formó parte del Campeonato de Galicia y Asturias. Ganó el Pontevedra 1-2. En el torneo también participó el Fortuna de Vigo, germen del actual Celta.

La historia del Club Deportivo en sí se remonta a 1906, año en que quedó constituido formalmente el Club Deportivo de la Sala Calvet, un prestigioso gimnasio de la calle Galera, en pleno corazón de la ciudad. Su primer presidente fue Luis Cornide y su primera formación deportiva la integrada por Salvador Fojón, Venancio Deus, Juan Long, Ángel Rodríguez, Manuel Álvarez, Daniel Aler, Paco Martínez, Félix de la Paz, Virgilio Rodríguez, Juan Manuel López y Martínez Urioste. Era un Club de una modalidad deportiva nueva, considerada “exótica” por los jóvenes de la época. El 11 de mayo de 1907 el gobernador civil, Luis Moyano, aprueba los estatutos y reglamentos de la nueva sociedad. Año y medio después, el Rey Alfonso XIII, concede al Club el título de Real, al mismo tiempo que acepta la presidencia de honor del Real Club Deportivo de La Coruña.

La fiebre del fútbol ya había prendido en toda la ciudad, lo que provocó que, coincidiendo con el bautismo “real” del Club, se inaugurase en el mismo año el primer campo del Deportivo, el del Corralón de la Gaiteira, como antecedente más importante al campo de Riazor, que se estrenaría poco después con un partido ante el Fortuna de Vigo.

Este primer recinto deportivo tenía 18.000 metros cuadrados y sus gradas tenían cabida para 6.000 espectadores. Su impulsor y realizador había sido Federico Fernández Amor Calvet. El antiguo campo de Riazor estaba ubicado en las instalaciones que ahora ocupa el Colegio de Las Esclavas. La presidencia del Deportivo la ostentaba en esta época Laureano Martínez y el equipo que inauguró el campo fue el formado por Martínez, Long y Ancos, De Llano, Martínez y Rajoy, Rodríguez, Álvarez, Rincón, Paz y Portela.


historias_ciudadanas.txt · Última modificación: 2017/02/11 13:28 por isabel